
Me parece absurdo que un sistema de transporte que presume ser uno de los más avanzados de América Latina no tenga un plan de contingencia que prevea una situaciøn como esta. Es imposible de creer que los operadores no estén capacitados para reiniciar manualmente el sistema que habilita el ingreso a la estaciøn y así evitar un caos como el ocurrido la noche anterior. Es inadmisible que no existan otras alternativas que prevengan cortes de energía en el sector, apagones generales, virus informáticos y permitan a los operadores de las cabinas cobrar manualmente los pasajes a los usuarios de este sistema de transporte para continuar con el flujo de buses que van y viene.
Y es una injusticia que los guardias de las compañías de seguridad privada, como Arseg, contratadas por el municipio para precautelar la seguridad de los usuarios se sientan con el derecho de agredir violentamente a las personas que utilizamos este servicio público. ¿Por qué digo esto? Simple...
En una de esas vueltas intermitentes de el sistema pude utilizar mi tarjeta inteligente e ingresar, luego la coloqué otra vez para que mi amiga pueda pasar, pero una señora aplicando la viveza criolla se adelantó y cruzó por el torniquete. Cuando denunciamos esto solicitando que la señora pague su pasaje como todos, pues el sistema había debitado automáticamente mis veinte i cinco centamos junto con los de mi amiga, además que se le permitiera pasar a Cuerito bajo o sobre el torniquete, lo cual fue autorizado por la operadora de la cabina que había observado todo un guardia de esa compañía que se negø a identificarse, y de paso oculto su credencial cuando con una voz muy alta me decía: allí hay un número telefønico para que reclame empujø a mi amiga con la intenciøn de alejarla de el torniqute.
La empujø, pese a que la operadora y el otro guardia que vestía de azul, pero no pude identificar a que empresa pertenecía le decían que la dejara pasar explicándole la situaciøn. Ese guardia continúaba diciéndome: "ya cállese niña que ella va a pasar gratis". Ningún gratis, porque el sistema ya había descontado su pasaje de mi tarjeta, respondí...
Y así iniciø una discusiøn en donde perdí la poca paciencia que aún conservaba. Primero porque esa estaciøn es un espacio público que le pertenece a todos los y las guayaquileñas, pues se construyø con los impuestos que pagamos a diario y ningún guardia de seguridad puede impedirme el paso si he pagado mi respectiva contribuciøn. Segundo porque no tolero el abuso o la injusticia. Tercero porque como dice Evaristo de La Polla Records: "¿Cuánto horror habrá que ver? ¿Cuántos golpes debemos recibir?" para reaccionar y exigir dignamente que se respeten nuestros derechos.
Al ver mi reacciøn tan opuesta a la diplomacia el resto de personas que como yo esperaron cuarenta i cinco minutos o más comenzø a exigir con derecho una soluciøn inmediata pues todos temíamos quedarnos sin un bus que nos acercara a casa en vista que el servicio no cubre las rutas durante las veinte i cuatro horas del día... muchos como nosotras debían hacer un segundo trasbordo en el Terminal Terrestre para al tomar los alimentadores que cubren las ciudadelas del norte como Guayacanes o Sauces.
Al final, una unidad que pasø por el carril Norte-Sur abriø las puertas en media calle para que podamos subir al apuro y sobre la marcha el mismo chofer cobrø los pasajes, si se solucionø a medias, llegué a mi casa con hora y media de atraso, pero aún tengo esta sensaciøn inconforme...
Casi a diario soy víctima de los abusos de estas bestias bípedas sin løgica que se sienten poderosas por el simple hecho de portar un uniforme que los mantiene impunes de las consecuencias de sus abusos. A veces me pregunto ¿cømo actuarían si fueran un usuario a pie como yo? Sin placa, revolver, tolete, gas pimienta y gafas raiban apuesto que no serían tan cobardes como para empujar a una mujer.
Me siento prisionera en mi propia ciudad. Y eso es injustificable e inadmisible porque si en mi cédula de identidad dice Guayas/Guayaquil/Carbo/Concepciøn implica que soy nativa de este lugar y por ello me pertenece tanto como me pertenece mi cuerpo.
Luego los tibios conservadores por qué me preguntarán asombrados por cuál es la razøn aborrezco todo tipo de autoridad. Por qué considero que la violencia protagonizada por el Estado es la más opresiva de todas y la que menos el pueblo identifica como tal.
Negar el derecho que tienen los ciudadanos y ciudadanas a discrepar libremente es sumir a todo un país en la servidumbre mental... para ello la violencia que se ejecuta desde el poder empleando a la policía, los militares o a las brigadas de seguridad privada está justificada porque mantiene el bienestar de la sociedad.
En cambio ¿cualquier manifestaciøn en contra del Estado es valorada como peligrosa o subversiva?
Estoy pagando impuestos para que ellos se inviertan en los sueldos de estos cretinos abusivos que tienen carta abierta para maltratar a cuanta persona ejerza su derecho a protestar abandonando esa postura sumisa que últimamente caracteriza a los ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad...
¡Lámpara! A mi que... ¡No me jodan! El que se mete conmigo se quema... así de sencillo, aunque se trate de un cobarde mamarracho uniformado.
